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El héroe de Francia

StadedeFrance

El pasado 13 de noviembre se cumplió justo un año de la noche en que Zouheir se convirtió en el mayor héroe de la historia reciente de Francia. Desde entonces nadie ha podido robarle el título a este guardia de seguridad del Stade de France, uno de los mayores campos de fútbol de París. La noche del 13 de noviembre de 2015, el estadio albergaba un partido amistoso entre Alemania y Francia. Entre los asistentes se encontraba el presidente francés, François Hollande. Apenas habían transcurrido 20 minutos cuando los 80.000 espectadores escucharon un estruendo parecido al de una explosión. A los diez minutos se escuchó otro. Las autoridades interrumpieron el partido y el público invadió el terreno de juego. Media hora después, sobre las 21.50, se producía una tercera deflagración en las inmediaciones del estadio. Al mismo tiempo, decenas de personas eran acribilladas en cafeterías y restaurantes del Distrito 11º de la ciudad. La sala de fiestas Bataclan, abarrotada por un concierto, sufría el ataque más sangriento.

Las tres bombas pudieron haber causado una matanza aún mayor si los terroristas hubieran logrado entrar en el Stade de France. Pero no lo consiguieron. Zouheir, un miembro del equipo de seguridad situado en una de las puertas de acceso, detectó a uno de los atacantes cuando pretendía entrar en el recinto. Éste huyó y se inmoló a escasos metros de la entrada al estadio. Sus dos cómplices hicieron lo mismo minutos más tarde. Los tres terroristas islamistas renunciaron a matar a decenas, tal vez a cientos de personas, y optaron por acabar con sus propias vidas, aun cuando lo que teóricamente pretenden los yihadistas es llevarse con ellos al mayor número de infieles posible, para así alcanzar el Paraíso. Pero aquella noche no fue así. Sólo murió un desgraciado transeúnte que pasaba por la zona.

Ha pasado un año, pero Zouheir no ha recibido ninguna medalla ni ha sido honrado por el Gobierno francés por salvar a miles de compatriotas, entre ellos a su propio presidente, en una de las noches más tristes del país. De hecho, Zouheir no ha sido entrevistado por ningún medio de comunicación francés o internacional, pese a ser un evidente personaje del máximo interés periodístico. ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo una nación tan patriótica como la francesa, siempre orgullosa de sus héroes, ignoró de esa manera al valiente guardia de seguridad?

La respuesta sólo es posible hallarla si se repasa la cascada de informaciones que llegaban a las redacciones de medio mundo en la trágica noche del 13-N, casi al mismo tiempo en que se producían los ataques terroristas. Curiosamente, el primer medio de comunicación que habló de Zouhier no era francés. Ni siquiera europeo. Fue el diario estadounidense The Wall Street Journal, que a las pocas horas de los atentados publicaba en su página web la crónica que describía la intervención de Zouheir en el plan terrorista. Las fuentes eran el propio guardia de seguridad y “un oficial de la Policía francesa”. A los pocos minutos, Twitter y Facebook hervían de alabanzas y agradecimientos hacia el héroe del Stade de France quien, además, por lo visto era musulmán, según aseguraban algunos usuarios de las redes sociales. El nombre de Zouheir recorrió el ciberespacio y llegó a radios y televisiones. Era el héroe de la noche.

Al día siguiente, mientras toda Francia lloraba a los muertos y exigía represalias, comenzaron a surgir versiones de los hechos que relegaban al famoso guardia a un papel más bien secundario. El propio The Wall Street Journal rectificó y aclaró que en realidad Zouheir no había detenido al terrorista en cuestión, sino que “había sido informado por otros miembros de seguridad del estadio de lo ocurrido”. Es decir, en un lapso de menos de 24 horas, el propio medio de comunicación que había contado la hazaña del guardia de seguridad en rigurosa exclusiva, despertando el interés de gran parte de la opinión pública, rebajaba de forma notable su grado de implicación. De protagonista a mero testigo indirecto.

Sea como fuere, ningún otro medio de comunicación contactó con Zouheir. Nadie vio su rostro en la televisión ni escuchó su voz en la radio. A los pocos días, medios como la BBC o Libération publicaban reportajes sobre “el mito de Zouheir”, la historia del empleado del Stade de France que había detenido a uno de los terroristas y cuya heroica intervención había conquistado el corazón de los usuarios de las redes sociales. Una historia formidable… de ser cierta. Porque lo que esos medios concluían es que Zouheir era sólo eso: un mito creado por una ¿confusión? en una crónica periodística que había dado la vuelta al mundo gracias a internet.

No obstante, el desmoronamiento de esa gesta apenas interesaba ya a nadie. Los acontecimientos habían avanzado a toda velocidad (la masacre de Bataclan acaparó casi todo el foco informativo) y el relato oficial de los hechos sobre los atentados había quedado sellado a fuego en la opinión pública. Un par de días después de aquel viernes fatídico, el debate en torno al 13-N ya era eminentemente geopolítico. Hollande prometía más bombardeos en Siria y abundaban los análisis sobre cómo combatir el yihadismo. Ningún periódico se paró a analizar si la ejecución de los atentados guardaba coherencia con los hechos oficiales que se iban filtrando, siempre procedentes de fuentes anónimas de las fuerzas de seguridad. La primera explosión, la que se escucha en el minuto 20 del partido entre Alemania y Francia, es el único documento audiovisual disponible de los atentados del Stade de France.

El estadio es una estructura moderna (fue inaugurado en el Mundial de 1998) y tiene una superficie de 17 hectáreas. Cuenta con un circuito interno de vigilancia de 120 cámaras de seguridad Panasonic. Sin embargo, en el año que ha transcurrido desde el 13-N no se ha difundido ni una sola imagen que capte el momento en el que presuntamente uno de los terroristas trata de entrar en el recinto, antes de ser rechazado por los guardias de seguridad. Tampoco existen grabaciones de ninguna de las explosiones que se produjeron en las inmediaciones. Lo único que ha trascendido sobre lo sucedido es el testimonio de un hombre que nunca existió.

Según el artículo 17 del estatuto del Consorcio Stade de France, cuando se celebra un evento (como un partido de fútbol) la supervisión y gestión del sistema de videovigilancia corresponde a la Policía Judicial francesa. El resto del tiempo, el control recae en el propio equipo de seguridad del estadio.

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3 replies »

  1. ENTREVISTA A THIERRY MEYSSAN
    Hablando de «Ante nuestros ojos»
    por Thierry Meyssan
    19 DE MARZO DE 2017
    En ocasión de la publicación de su nuevo libro Sous nos Yeux. Du 11-Septembre à Donald Trump, actualmente en proceso de traducción al español y a otros idiomas, Thierry Meyssan habla de ese trabajo en entrevista concedida a través de Internet.
    http://www.voltairenet.org/article195662.html

    15 DE ABRIL DE 2017
    ‘El libro explica igualmente el contenido del tratado secreto que Ahmet Davutoglu, ministro de Exteriores del entonces primer ministro turco Erdogan, firmó con el entonces jefe de la diplomacia francesa, Alain Juppé, fijando las condiciones para la incorporación de Turquía a las guerras contra Libia y Siria, mucho antes del inicio de este último conflicto. También revela las razones que condujeron a Recep Tayyip Erdogan a ordenar a Daesh la realización de los atentados perpetrados en París, el 13 de noviembre de 2015, y en Bruselas, el 22 de marzo de 2016.’
    http://www.voltairenet.org/article196014.html

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