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Swap Airlines (Parte II)

Close-up on hands of business man, sitting in airplane, holding mobile phone

(Viene de ‘Swap Airlines: Parte I’)

Uno de los pilares de la versión oficial del 11-S es el relato de las llamadas de teléfono que las víctimas hicieron a sus familiares desde los aviones secuestrados. Pese a ello, el informe final de la Comisión de Investigación de los atentados, publicado en 2004, apenas despachó este punto en un párrafo de la página 12 al describir lo ocurrido en el vuelo United Airlines 93, estrellado en Pensilvania: “Poco después [del comienzo de los secuestros], los pasajeros y la tripulación iniciaron una serie de llamadas desde teléfonos internos y teléfonos móviles. Estas llamadas a familiares, amigos y colegas se produjeron hasta el mismo final de los vuelos y proporcionaron testimonios de primera mano a sus receptores. También permitieron que los pasajeros conocieran información crucial, como que dos aviones se habían estrellado contra el World Trade Center”.

La Comisión se basaba en diferentes informaciones que los medios de comunicación americanos habían publicado desde el mismo día de los atentados. Por ejemplo:

• La tarde del 11 de septiembre, la CNN informó de que el Procurador General de Estados Unidos, Ted Olson, aseguró que su mujer, la conocida periodista de la CNN Barbara Olson, le había “llamados dos veces con su teléfono móvil desde el American Airlines 77″, afirmando que el avión había sido tomado por secuestradores armados “con cuchillos y cúters”. No obstante, al ser interrogado posteriormente por el FBI, Olson dijo que no sabía si las llamadas de su mujer procedían del móvil o del teléfono de su asiento. En posteriores entrevistas, Olson señalaría indistintamente que su mujer le había llamado desde ambos dispositivos, pero la versión difundida mayoritariamente por los medios apuntaría al teléfono móvil, en consonancia con la información original de la CNN.

• El 11 de septiembre, Associated Press informó de que el empresario Peter Hanson había llamado “con su teléfono móvil” a su padre, Lee Hanson, desde el United 175. La información fue confirmada a la agencia por un “miembro del gobierno”. (Se trata de la misma información, publicada a las 20:55, doce horas después de los atentados, en que ya se apuntaba a la autoría intelectual de Osama Bin Laden).

• El 12 de septiembre, la BBC informó de que “un oficial de Inteligencia estadounidense ha asegurado a MSNBC.com de que las comunicaciones realizadas con teléfonos móviles desde el United 93 indican que tres pasajeros neutralizaron a los secuestradores pero fueron incapaces de hacerse con el control del avión”.

• El 13 de septiembre, el Washington Post informó de que “la llamada desde el móvil de [el pasajero Jeremy] Glick desde el United 93 y otras similares revelan los episodios más dramáticos hasta ahora conocidos de los secuestros de los cuatro aviones”. El mismo artículo ofrecía la historia de otro pasajero, Mark Bingham: “Durante su llamada desde el móvil, [Bingham] sólo pudo decirle a su tía y a su madre, Alice Hoglan, que el avión había sido secuestrado y que las quería”.

• El 16 de septiembre, de nuevo el Washington Post ofrecía la historia de Brian Sweeney, pasajero del United 175: “Brian Sweeney llamó con su teléfono móvil a su mujer, Julie, a quien dijo: ‘Hola, Jules. Soy Brian. Nos han secuestrado, y esto no tiene buena pinta'”. Según la entrevista que el FBI hizo a Julie Sweeney el 2 de octubre siguiente, ésta estaba fuera de casa cuando su esposo hizo la llamada. “Al volver a casa vio que su marido había dejado en su contestador un mensaje de voz emitido desde su teléfono móvil a bordo del avión. La máquina registró la llamada aproximadamente a las 8:58 de la mañana”. En ese momento, el United 175 estaba a una altitud de 25.000 pies (unos 7,6 kilómetros). El reportaje también señalaba que los pasajeros del United 93 pudieron saber lo que había sucedido en Nueva York gracias a “sus teléfonos móviles“, y destacaba el caso del empresario Thomas Burnett, que “llamó cuatro veces a su esposa, Deena”.

• El 22 de septiembre, un reportaje del Pittsburgh Post-Gazette aseguraba que Marion Britton, una pasajera del United 93, “llamó a su viejo amigo Fred Fiumano, de quien había tomado prestado su teléfono móvil“.

En los años inmediatamente posteriores al 11-S, tanto la Comisión de Investigación como el FBI respaldaron esta primera visión de los acontecimientos ofrecida por los medios de comunicación, en la que las llamadas desde los aviones, y en concreto desde teléfonos móviles, era crucial en la explicación oficial de los atentados. Así lo recogían algunos de los primeros informes del FBI:

• Respecto a la presunta llamada de Peter Hanson a su padre Lee (a quien el FBI interrogó): “Cree que su hijo le estaba llamando desde su teléfono móvil“.

• Respecto a las presuntas llamadas de Thomas Burnett a su esposa Deena: “[Deena] Burnett pudo advertir que su marido estaba usando su propio teléfono móvil“.

Un imposible técnico

El problema es que en septiembre de 2001 la tecnología móvil aún no funcionaba en un avión, al menos no desde las altitudes que alcanzaban los aviones del 11-S en el momento en que presuntamente se realizaron las llamadas.

Los teléfonos móviles, tanto entonces como ahora, funcionan mediante una señal que debe ser reconocida por una antena repetidora, de forma que el usuario pueda hablar por teléfono siempre que se encuentre dentro de su área de cobertura (el alcance es variable; hay antenas que cubren hasta 100 kilómetros). Si el teléfono sale de esa área (por ejemplo, si el usuario está caminando por la calle o viajando en coche o tren) se produce lo que en la jerga de telecomunicaciones se conoce como handover: la llamada se traslada al espectro de la antena más próxima, que reconoce la señal del móvil y permite que continúe la conversación. El handover lleva apenas unas décimas de segundo. Sin embargo, resulta materialmente imposible que, en los albores del desarrollo de la telefonía móvil, el pasajero de un avión moviéndose a más de 600 kilómetros por hora hubiera podido mantener una conversación de varios minutos sin ningún problema de handover entre las antenas situadas en tierra.

De hecho, un programa de la televisión japonesa emitido en 2003, que contó con el asesoramiento de un matemático y profesor universitario canadiense, Alexander K. Dewdney, hizo un experimento en Canadá (cuyo sistema de telecomunicaciones era idéntico al estadounidense) en el que el pasajero de una avioneta realizaba tres llamadas móviles, de distintas compañías, a un teléfono en tierra. Conclusión: las llamadas eran imposibles por encima de los 8.000 pies de altitud (unos 2,4 kilómetros). Y la mayor parte de los aviones comerciales, incluidos por supuesto los del 11-S, vuelan por encima de los 30.000 pies (9 kilómetros).

En esta misma línea, un experto consultado por el Washington Post en 2005 para un reportaje sobre telefonía móvil en aviones afirmaba que “a 30.000 pies de altitud un teléfono puede tener dificultades en enviar su señal a una antena en tierra; la mayoría de los móviles no tienen señal por encima de los 10.000 pies”. El artículo insistía en que “un obstáculo técnico” para permitir el uso de móviles en los vuelos “es la manera en que la señal pueda transferirse de una antena a otra mientras el avión vuela a 500 millas (800 kilómetros) por hora. La transferencia es muy sencilla cuando el que llama está caminando o conduciendo, pero a velocidad de crucero, las llamadas probablemente se cortarían”.

En otro reportaje para la revista Wireless Review, una portavoz de la teleco AT&T, Alexa Graf, comentó que había sido “casi un milagro” que las llamadas de los pasajeros del 11-S conectaran con sus destinatarios, ya que “desde altitudes elevadas la calidad de la conexión no es muy buena, y la mayoría de las llamadas sufren cortes. Los usuarios sólo podrían conseguirlo durante unos minutos por debajo de una determinada altitud”.

En 2004, American Airlines, en colaboración con Qualcomm, una empresa de chips para telefonía móvil, demostró por primera vez la posibilidad de hacer llamadas con móviles en pleno vuelo gracias a una femtocelda, una pequeña estación telefónica que proporciona cobertura en espacios cerrados. En el vuelo de exhibición, realizado en Texas, la aerolínea anunció que dicha tecnología estaría disponible a partir de 2006. En realidad llegaría a los vuelos comerciales en 2008.

Cambio de versión

La versión oficial sobre las llamadas de pasajeros del 11-S cambió radicalmente a partir de 2006. El 6 de febrero de ese año comenzó en Estados Unidos el juicio del Departamento de Justicia contra Zacarias Moussaoui, el “terrorista número 20”, el único de los presuntos autores materiales condenado por el atentado. En el proceso judicial se asentó definitivamente el relato de la verdad oficial, aun a costa de contradecir aspectos esenciales de las investigaciones hasta entonces realizadas. Una de esas contradicciones tuvo que ver con las llamadas hechas desde los aviones. El periodista Greg Gordon, encargado de cubrir el juicio para el grupo periodístico McClatchy, reprodujo el testimonio de un alto mando del FBI citado a declarar: “Desde la parte trasera del avión, trece de los aterrorizados pasajeros y miembros de la tripulación hicieron un total de 35 llamadas de teléfono y dos llamadas desde teléfonos móviles a familiares y operadores de aerolíneas”.

De repente, la ristra de pasajeros que presuntamente habían llamado desde teléfonos móviles, según la información ofrecida por los medios de comunicación en los días siguientes a la masacre (informaciones, en algunos casos, procedentes de fuentes de la Inteligencia americana), se redujo a… dos llamadas. El FBI, el mismo que cinco años antes había refrendado dichos testimonios, afirmaba ahora que la mayoría de las llamadas se había hecho desde los teléfonos fijos de los asientos, y que sólo dos pasajeros habían usado móviles. Esta versión es la que ha prevalecido hasta el día de hoy.

Según el FBI, las dos personas que habían hecho esas llamadas eran CeeCee Lyles y Edward Felt, azafata y pasajero, respectivamente, del United 93. Las grabaciones formaban parte de la documentación presentada en el juicio de Moussaoui.

Pero, ¿por qué precisamente esas dos llamadas fueron ‘elegidas’ por los defensores de la versión oficial como las únicas realizadas desde teléfonos móviles? No es sencillo responder a esta pregunta, pero tal vez la respuesta esté en los cambios de altitud que experimentó el United 93 hasta finalmente estrellarse en Shanksville.

Según el informe del Consejo Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos, divulgado en 2002, el avión alcanzó su punto máximo de altitud a las 9:39 (39.000 pies), momento en el que presuntamente los terroristas ya se habían hecho con el control de la cabina. A partir de entonces, la nave emprendió un pronunciado descenso a razón de 4.000 pies/minuto, que a partir de las 9:46 se moderaría a 1.300 pies/minuto.

La mayoría de las llamadas presuntamente realizadas desde el avión se produjeron entre las 9:00, cuando volaba a 35.000 pies, y las 9:45, cuando rondaba los 20.000. Se trata de niveles demasiado elevados para efectuar llamadas con móviles, por lo que tal vez los defensores de la versión oficial dedujeron que no sería creíble la versión difundida en las primeras horas de los atentados, en la que todos los testimonios se referían explícitamente al uso de móviles.

En las pruebas del juicio a Mossaoui, el FBI afirmó que 35 de las 37 llamadas se habían hecho desde los teléfonos fijados en los asientos (airfones), si bien en ningún caso se revelaron los números de teléfono desde los cuales se habían realizado: los gráficos exhibidos se limitaron a indicar los asientos desde los que esos pasajeros habían supuestamente llamado. Es decir, el FBI apuntaba a que la opción más probable era que los pasajeros habían llamado desde los teléfonos fijos, pero no lo aseguraba de forma explícita.

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Diapositiva expuesta en el juicio de Zacarías Moussaoui de algunos de los pasajeros del United 93 que supuestamente realizaron llamadas el 11-S.

Sin embargo, las llamadas de CeeCee Lyles y Edward Felt tenían una peculiaridad. Ambas habían sido supuestamente realizadas a las 9:58, cuando el avión había bajado hasta los 3.000 pies, una altura desde la cual tal vez resultara creíble el funcionamiento de teléfonos móviles. El siguiente cuadro contiene los datos de las 37 llamadas. Las dos últimas, las de Lyles y Felt, a las 9:58. Curiosamente también consta una llamada de Lyles unos minutos antes, a las 9:47, aunque realizada desde un airfone.

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Un claro ejemplo del cambio de versión respecto al tipo de teléfonos utilizados es el caso del pasajero Thomas Burnett. Su mujer, Deena, aseguró al FBI el mismo 11 de septiembre que había recibió entre tres y cinco llamadas de su esposo. Según el informe del FBI, “Burnett pudo constatar que su marido estaba utilizando su teléfono móvil porque en su propio teléfono aparecía el número de la llamada entrante”. No obstante, el informe presentado por la agencia federal en el juicio a Moussaoui indicaba que Burnett había hecho tres llamadas desde el airfone de su asiento. Ninguna referencia al testimonio de Deena de cinco años antes.

Con todo, incluso las conversaciones telefónicas de Lyles y Felt, las consideradas ‘válidas’ como procedentes de móviles, presentan aspectos bastante extraños.

CeeCee Lyles

Lyles, una expolicía que había empezado a trabajar en United Airlines apenas un año antes del 11-S, hizo dos llamadas al teléfono de su marido, Lorne. Éste dormía y no respondió a la primera, realizada a las 9:47, por lo que su mujer dejó el siguiente mensaje:

Hay algo muy enigmático en el mensaje dejado por Lyles en el contestador de su marido, algo que es difícilmente perceptible en una primera audición. Después de colgar el teléfono, en el minuto 0:36 del vídeo precedente, se escucha algo parecido a un susurro. Es imposible descifrarlo al volumen y velocidad de la grabación original.

Varios investigadores escépticos con la versión oficial del 11-S han tratado de averiguar qué palabras dijo Lyles justo antes de colgar el teléfono. Algunos optan por “it’s ok” (está bien), “you did great” (lo has hecho genial) o “need to pray” (tienes que rezar), pero una escucha ralentizada y limpia de ruidos indica casi con certeza absoluta que la azafata dice: “It’s a frame”. “Frame” significa “marco, estructura, montaje, truco, creación”.

El relato oficial sostiene que Lyles hizo una segunda llamada, a las 9:58, sólo cinco minutos antes de que la nave se estrellara. En esta ocasión su esposo sí contestó. CeeCee le dijo que el avión había sido secuestrado y Lorne creyó que era una broma. “No, cariño, no bromearía sobre algo así. Te quiero. Diles a los niños que los quiero”, respondió ella. Ambos empezaron a rezar y entonces ella le dijo que algunos pasajeros “estaban preparándose para entrar en la cabina”. Poco después gritó: “¡Lo están haciendo! ¡Lo están haciendo! ¡Lo están haciendo!”. Lorne escuchó un grito y unas palabras ininteligibles de su mujer y la línea se cortó abruptamente. Según la versión oficial, esas últimas palabras habrían hecho referencia a la rebelión de los pasajeros contra los terroristas.

En una entrevista emitida por televisión años más tarde, Lorne explicaba sus primeras impresiones después de la conversación: “Me acababa de levantar y me preguntaba si realmente esa llamada había sido real. Vi que la llamada procedía de su teléfono móvil y me dije: ‘Un momento, un momento. ¿Cómo puede llamarme desde un móvil en un avión? Los móviles no funcionan en los aviones'”.

Otro punto interesante es que, al igual que sucedió con los pasaportes de varios de los presuntos terroristas del 11-S, entre los restos del United 93 estrellado en Shanksville fueron supuestamente recogidos varios objetos personales de Lyles. Entre ellos, su carnet de conducir y su tarjeta de los hoteles Marriott, ambos prácticamente intactos.

CeeCee Lyles

Pruebas exhibidas por la acusación en el juicio a Zacarias Moussaoui. En la bolsa de plástico, varios documentos personales de la azafata CeeCee Lyles, presuntamente recogidos de entre los restos del United 93 estrellado en Shanksville, Pensilvania.

Edward Felt

A las 9:58, supuestamente desde un lavabo del United 93, Edward Felt, un ingeniero de 41 años de Nueva Jersey, usó su móvil para llamar al 911. La llamada fue respondida por John Shaw, operador del centro de Emergencias de Westmoreland (Pensilvania). Shaw fue entrevistado tres veces por el FBI el mismo 11 de septiembre y una vez más el 25 de marzo de 2002. Según contó a la agencia federal, Felt dijo repetidamente las palabras “secuestro, secuestro, secuestro” (hijack en el original), pero no describió a los secuestradores ni precisó qué armas llevaban ni de cuántos se trataba, ni se refirió a su género o raza. Aseguró que estaba encerrado en el cuarto de baño, aunque no especificó si era el de la parte delantera o la trasera del avión.

Glenn Cramer, supervisor de Shaw, declaró al Pittsburgh Post-Gazette que el autor de la llamada “estaba muy agitado [y] creía que el avión estaba cayendo. Dijo que escuchó una especie de explosión y que vio humo blanco que salía del avión, pero que no sabía exactamente de dónde”. El 12 de septiembre, Cramer confirmó al FBI la versión que había dado Shaw, en la que Felt aseguraba que había “muchos pasajeros en el avión”. Una afirmación sorprendente teniendo en cuenta que el United 93 viajaba al 16,5% de su capacidad, con 45 personas (incluyendo a los cuatro presuntos secuestradores) en una nave que podía alojar a 182. El servicio de Emergencias había grabado la llamada, pero la cinta fue confiscada por el FBI.

No obstante, cinco años más tarde, con motivo del juicio a Moussaoui, el FBI exhibió un documento (desclasificado por la Comisión del 11-S) en el que constaba este extracto de la conversación entre Felt y Shaw:

— 911: “De acuerdo. ¿Cuántas personas hay en el avión?”

— Felt: “Está (…) está bastante vacío [ininteligible]”

La afirmación contrasta claramente con la referencia a los “muchos pasajeros” que el propio Felt habría hecho, según los primeros testimonios de Shaw y Cramer al FBI. Algo que llama aún más la atención al observar el empeño que puso la agencia federal en proteger el contenido de esta segunda transcripción.

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Ficha de Edward Felt expuesta en el juicio de Zacarias Moussaoui.

El 22 de marzo de 2002 (tres días antes del interrogatorio del FBI a Shaw), una comunicación entre la oficina del FBI en Newark y la de Nueva York incluía la siguiente frase: “Bajo ninguna circunstancia la oficina de Newark entregará a [la familia de] Felt una copia de la grabación o de la transcripción”. El 12 de septiembre de 2003, un mensaje del departamento de Antiterrorismo del FBI a la oficina de Newark ordenaba “todos los esfuerzos posibles para que el equipo de asistencia de víctimas de Newark se asegure de que Sandra Felt [esposa del fallecido] sea tratada con el máximo respeto. Aunque Sandra Felt ha firmado una cláusula de confidencialidad, existe la posibilidad de filtraciones mediáticas negativas… Se solicita a los miembros de la división de Newark que, con el consentimiento de Sandra Felt, estén con los familiares cuando escuchen la cinta”.

Tras obtener el dicho contrato de confidencialidad, el 26 de marzo los agentes del FBI acudieron a la casa de Felt, donde ella y sus familiares más cercanos pudieron escuchar por primera vez, seis meses después del atentado, la presunta grabación de la conversación de su marido con Shaw.

Un mes después, el FBI convocó a todos los familiares de las víctimas del United 93 a un hotel de Princeton (Nueva Jersey) para que escucharan las grabaciones registradas por la caja negra del avión. Pero además de esto, los familiares de Felt fueron invitados por los agentes a una pequeña sala en la que recibieron una copia de la transcripción de la presunta conversación de Felt con Shaw mientras, una vez más, volvían a escuchar la grabación. Según la crónica del Pittsburgh Post-Gazette, en la grabación se escuchó cómo Felt, “con una voz temblorosa, decía ‘nos están secuestrando, nos están secuestrando’. Continuó describiendo una explosión y la presencia de un humo blanco en el avión. Después la línea se cortó”.

Se ve, por lo tanto, que el FBI manejaba al menos dos versiones del presunto diálogo de Felt con el centro de Emergencias. En una de ellas, como habían acreditado Shaw y Cramer ante la propia agencia el mismo día de los atentados [lo que aumenta la credibilidad de su testimonio, dado lo reciente de los hechos], el pasajero hablaba de la existencia de muchos pasajeros. Pero en la transcripción que se presentó en el juicio de Mossaoui, en 2006, Felt aseguraba que el avión estaba “bastante vacío”, lo cual sí guardaba coherencia con la información oficial sobre el pasaje del United 93. Cramer había sido entrevistado de nuevo por el FBI el 21 de abril de 2002, donde mantuvo su versión de los hechos. No obstante, el FBI no le permitió asistir pocos días después a la escucha de la grabación junto a la familia de Felt.

Al igual que en el cambio de versión sobre el uso de teléfonos fijos y móviles por parte de los pasajeros del United 93, existen en este caso discrepancias entre los testimonios ofrecidos en las horas posteriores a los atentados y la versión de los hechos que las autoridades ofrecieron cinco años después en el juicio a Moussaoui, como si ese proceso judicial conformara el marco idóneo para el asentamiento definitivo de la versión oficial. Una versión en la que inevitablemente debían coincidir los testimonios de las víctimas con el relato oficial del secuestro. No sería admisible, por ejemplo, que una de las víctimas hablara de “muchos pasajeros” en un avión que supuestamente viajaba al 16% de su capacidad. Igualmente extraño resulta que Felt no hiciera ninguna referencia al aspecto de los supuestos secuestradores teniendo en cuenta que ocupaba el asiento 2D, sólo una fila delante de dos de ellos, y a unas pocas filas de distancia de los otros dos.
Pese a su relevancia, la historia de Felt no aparece en el informe de la Comisión parlamentaria del 11-S.
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Lista de los pasajeros del United 93. Edward Felt ocupaba el asiendo 2D, muy cerca de los cuatro presuntos terroristas,

El grito de guerra de Todd Beamer

Por muchas contradicciones que presenten, no obstante, es un hecho incontestable que esas llamadas se produjeron, ya que los familiares de las víctimas del United 93 las recibieron. El problema con el relato oficial de las llamadas telefónicas no es si sucedieron o no, sino si su cronología coincide con la cronología oficial del secuestro de los aviones. O dicho de otra manera, el problema es si realmente esas llamadas se hicieron desde ese avión, lo cual lleva a cuestionar la existencia de un secuestro por parte de terroristas islamistas y, en última instancia, toda la versión oficial del 11-S. Es más: existen motivos para sospechar de la auténtica identidad de algunos de los autores de las llamadas. Un ejemplo es el caso de Todd Beamer, otro pasajero del United 93.

Según los primeros informes del FBI, Beamer, un agente de ventas de IBM de 32 años, intentó a las 9:43 contactar con su mujer, Lisa, pero la llamada comunicó. El pasajero trató entonces de llamar utilizando su tarjeta de crédito y, al no recibir autorización, la llamada fue desviada al servicio de atención de la compañía telefónica GTE. Le atendió una operadora llamada Phyllis Johnson, que a su vez pasó la llamada a su jefa, Lisa Jefferson. Según ha relatado ésta en su libro Called (2006), Beamer quiso informarla de lo que estaba sucediendo en el avión ya que su esposa estaba embarazada [esperaban un hijo para enero] y no quería preocuparla. Una cuestión que ya plantea dudas: si no quería preocuparla, ¿por qué fue la primera a la que intentó localizar?  ¿Y acaso ella no iba a sufrir de todos modos el golpe emocional de su muerte? ¿Era una razón suficiente para rechazar una conversación de despedida? “Sólo quiero hablar con alguien y que alguien se entere de que esto está sucediendo”, dijo el autor de la llamada a la operadora, elegida como última interlocutora por encima de cualquier amigo o familiar.

Según el informe del FBI presentado en el juicio de Moussaoui, Beamer le contó a Jefferson que había tres individuos “a punto de secuestrar el avión”: dos de ellos blandían cuchillos y uno tenía explosivos adheridos al cuerpo con un cinturón rojo. “Jefferson estimó que habló con Beamer durante siete minutos, antes de que los dos terroristas armados con cuchillos entraran en la cabina del piloto”, relata el informe. Esto presenta un gran problema respecto a la versión oficial ofrecida dos años antes (2004) por la Comisión del 11-S (página 11), ya que ésta indica explícitamente que los terroristas del United 93 entraron en la cabina a las 9:28. Si Beamer terminó su conversación con Jefferson alrededor de las 9:50 y, según ella, a su término se produjo el asalto a la cabina, ¿cómo podía estar Beamer describiendo una escena que se había producido más de 20 minutos antes?

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Diapositiva con las supuestas llamadas de Todd Beamer.

Según Lisa Beamer, que en 2002 publicó un libro contando su experiencia (Let’s roll! Ordinary people: extraordinary courage), la operadora Jefferson consideró un “milagro” que la llamada de Beamer no se hubiera cortado, puesto que “con la cantidad de llamadas que hubo ese día, los servicios de teleoperadores de la compañía estaban saturados y no paraban de producirse cortes. Ella no dejaba de pensar que la llamada se iba a cortar”.

Además, Jefferson subrayó la “calma” que mostraba Beamer a pesar de la extrema tensión de la situación que describía. “Se mostró tranquilo durante toda la conversación. Su voz no denotaba ningún tipo de estrés. De hecho, parecía tan tranquilo que llegué a dudar de la urgencia de la llamada, ya que Todd tenía una actitud muy racional y metódica frente a lo que estaba ocurriendo. Si no hubiera sabido que se trataba de un secuestro, habría pensado que se trataba de una broma telefónica”.

Todd Beamer ha pasado a la historia como uno de los héroes del 11-S, ya que él habría sido uno de los cabecillas de la presunta revuelta de los pasajeros del United 93 contra los secuestradores. A él se le atribuye la frase “Let’s roll!” (¡Vamos allá!), que supuestamente escuchó Lisa Jefferson antes de que Beamer interrumpiera la llamada. La frase se convirtió en un grito de guerra del herido pueblo americano contra el terrorismo, imprimiéndose en chapas, pegatinas, camisetas, coches… Incluso George W. Bush la empleó en un discurso. Sin embargo, el origen de esas palabras no está claro.

Según explicó Lisa Jefferson al FBI el mismo 11 de septiembre, Beamer le dijo que “los pasajeros estaban a punto de atacar a los secuestradores. [Beamer] le pidió que la llamara [a su mujer] para decirle que la quería… A continuación, Jefferson escuchó a otro pasajero decir la señal para empezar el ataque. Después, ya no oyó nada más”. La operadora no sólo no menciona el grito de “¡Vamos allá!”, sino que atribuye la señal a otra persona.

La primera vez que salió a la luz pública la famosa frase fue cinco días después del atentado en un artículo del Pittsburgh Post-Gazette. Tras entrevistar a la mujer de Beamer, el periodista McKinnon escribe que Todd soltó el teléfono tras pedirle a Jefferson que avisara a su mujer. “Entonces fue cuando Jefferson escuchó lo que Lisa Beamer cree que fueron las últimas palabras de su marido: ‘¡Vamos allá!’”.

Y si bien Lisa Jefferson aseguró en sucesivas entrevistas que Beamer dijo esas palabras, es imposible contrastarlo, ya que la conversación nunca ha sido hecha pública, y aquí también asoman argumentos contradictorios. Otro artículo del Post-Gazette publicado el 19 de septiembre señala que “GTE no ha difundido la transcripción de la llamada, la cual, al haber sido hecha a un teleoperador, fue grabada”. En el libro Among the heroes (2002), fiel a la versión oficial, el periodista Jere Longman asegura que “GTE no solía grabar sus llamadas de forma habitual. Como supervisora, [Jefferson] tendría que haber sido la responsable de grabarla, pero no quería arriesgarse a perder la llamada”. Y en su propio libro, Jefferson afirma: “No tuve ocasión de apretar el botón de mi despacho que activa la grabación de la conversación”.

Sea como fuere, el caso es que el relato de la heroica rebelión del pasaje del United 93, clave para la versión oficial del 11-S, se basa en gran medida en la llamada de Beamer. Una llamada que no se grabó, que nadie transcribió, y que tuvo como interlocutora a una perfecta desconocida que, obviamente, no había escuchado en su vida la voz de Todd Beamer.

Como colofón, cabe señalar el hecho insólito de que la llamada de Beamer no se cortó a las 10:03, cuando el United 93 se estrelló. Según los datos oficiales, su llamada duró 3.925 segundos (más de una hora), lo que implicaría que el teléfono fijo de su asiento siguió funcionando tres cuartos de hora después de que el avión se hiciera pedazos. Jefferson explicó que, después de que Beamer se despidiera de ella (y dijera supuestamente eso de “¡vamos allá!”), la línea “quedó en silencio”. “No puedo explicarlo. La llamada no se cortó, porque cuando se corta la llamada el sonido es diferente, una especie de chirrido. En este caso simplemente se hizo el silencio”.

El 29 de septiembre de 2001, el FBI se hizo con el registro de las llamadas procedentes del teléfono móvil de Todd Beamer. El documento señala 19 llamadas salientes posteriores a las 10:03, hora del siniestro. Lo cual no deja demasiadas alternativas: o el hombre conocido como Todd Beamer no volaba en el United 93, o su teléfono móvil no estaba en el avión o el United 93 no se estrelló.

 

 

 

 

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