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Swap Airlines (y parte IV)

mohammed atta

(Viene de Swap Airlines: Parte III)

La versión oficial sostiene que los atentados del 11-S fueron obra de un grupo de terroristas vinculados a Al Qaeda. Es decir, de inflexibles observantes del Islam y enemigos furibundos de la sociedad occidental, convencidos de su causa hasta el extremo de secuestrar cuatro aviones comerciales y estrellarlos contra tres edificios, dando la propia vida y asesinando en el mismo acto a miles de infieles americanos en nombre de Alá. El informe de la Comisión parlamentaria que investigó los atentados destaca que el cabecilla, Mohammed Atta, había “asumido el fundamentalismo” y que sus compinches, en base a sus creencias, se habían transformado en “un comando de soldados bien entrenados y dispuestos a morir”.

Entre los preceptos del Islam destaca la prohibición de consumir alcohol o drogas, consideradas sustancias haram (vetadas), y la consumación del deseo sexual únicamente dentro del matrimonio. Sin embargo, tal como informaron medios como The San Francisco Chronicle, Boston Herald y The Wall Street Journal, Atta y otros presuntos terroristas (Marwan Al-Shehhi, Nawaf Al-Hamzi, Ziad Jarrah y Hani Hanjour) hicieron “al menos seis viajes” a Las Vegas apenas unas semanas antes de los atentados. Allí, según testigos, los cuatro bebieron alcohol en abundancia y alternaron con strippers y prostitutas. En uno de los reportajes, el profesor universitario libanés Mahmoud Ayoub hacía esta apreciación: “Es incomprensible que una persona beba y acuda a un bar de striptease una noche y al día siguiente se mate en nombre del Islam… Algo no cuadra”.

A pesar de estas informaciones, el informe final de la Comisión (página 248) señala que “más allá de la fama de Las Vegas como foco de turistas, no hemos detectado pruebas convincentes del motivo por el que, en esas y otras ocasiones, los sujetos se reunieron en Las Vegas”.

El extraño viaje a Portland

La versión oficial sostiene que Atta y uno de sus supuestos compinches, Abdulaziz Al-Omari, hicieron una serie de extraños viajes las horas anteriores al secuestro de los aviones. El 10 de septiembre ambos estaban en Boston, desde donde despegaría al día siguiente, rumbo a Los Ángeles, el American Airlines 11 que presuntamente secuestrarían junto con Satam Al-Suqami y los hermanos Waleed y Wail Al-Shehri, para estrellarlo contra la Torre Norte del World Trade Center. Sin embargo, el día 10 Atta y Al-Omari viajaron en un coche alquilado a Portland (Maine), a 180 kilómetros de distancia. Allí pasaron la noche en un hotel, y a las 6 de la mañana cogieron un vuelo al aeropuerto Logan de Boston, donde aterrizó a las 6:45. Los terroristas disponían, por lo tanto, de un escaso margen para subir al AA 11, cuyo despegue estaba previsto a las 7:45.

El director del FBI, Robert Mueller, admitió ante la Comisión Parlamentaria que “no estaban claras” las razones del extraño viaje a Portland de los dos terroristas. En el primer aniversario de los atentados, un reportaje de The New York Times llamaba la atención sobre “el riesgo de que, si el primer vuelo [de Portland a Boston] se hubiera retrasado, habrían perdido precisamente el vuelo que querían secuestrar”.

El 5 de octubre de 2001 el FBI divulgó una serie de imágenes que acreditaban el paso de Atta y Al-Omari por Portland (en una gasolinera, un supermercado, un cajero automático, etc.). Una de ellas mostraba a ambos en el control de seguridad del aeropuerto de la ciudad en la madrugada del 11 de septiembre.

mohammed atta

Mohammed Atta (con camisa azul) y Abdulaziz Al-Omari, en el aeropuerto de Portland en la madrugada del 11-S.

Esta imagen, una de las más conocidas de los presuntos autores del 11-S, es la única difundida por las autoridades estadounidenses en la que se ve a alguno de los supuestos terroristas en un aeropuerto. Curiosamente, no es ninguno de los tres aeropuertos (Boston, Dulles y Newark) de los que partieron los aviones kamikaze.

Por ejemplo, en aquel momento el aeropuerto de Dulles (Washington), desde donde partió el American Airlines 77, disponía de 300 cámaras de seguridad cuyas grabaciones se almacenaban durante al menos 30 días, según ha desvelado David Brent. Este técnico especializado en videovigilancia pasó tres semanas, en jornadas de 15 horas, revisando todas las cintas junto a un equipo de agentes federales. Las autoridades estadounidenses nunca han divulgado ninguna de esas imágenes.

El vídeo del aeropuerto Dulles

El 21 de julio de 2004, curiosamente sólo un día antes de la publicación del informe oficial de la Comisión del 11-S, Associated Press informó de la existencia de un presunto vídeo del aeropuerto Dulles de Washington que mostraba a cuatro de los cinco presuntos secuestradores del American Airlines 77, el que se estrellaría contra el Pentágono. Se trataba de los hermanos Al-Hazmi, Nawaq y Salem; Khalid Al-Mihdhar y Majed Moqed. Según Associated Press, el vídeo procedía del despacho de abogados Motley Rice, que representaba a familiares de las víctimas que habían demandado a las aerolíneas y a las empresas de seguridad de los aeropuertos implicados. El informe de la Comisión señalaba que en el vídeo también aparecía el quinto secuestrador, Hani Hanjour, quien por alguna razón no era mencionado en la información de Associated Press. El vídeo, hoy disponible en Youtube, señala a los cinco supuestos terroristas.

Según han expuesto los investigadores Rowland Morgan e Ian Henshall, autores de 9/11 Revealed: The unanswered questions, “una grabación de seguridad convencional incluye la fecha y la hora impresas en el vídeo, siguiendo un criterio homologado, así como la identificación y la ubicación de la propia cámara. El vídeo difundido en 2004 no contiene ninguno de estos datos”. Asimismo, mientras la mayoría de las cámaras de vigilancia de aquellos años, debido a limitaciones de almacenamiento, grababan con intervalos de un segundo entre  fotograma y fotograma, las imágenes difundidas tienen una resolución de 30 fotograma por segundo, la habitual en videocámaras de uso doméstico.

El informe de la Comisión señala asimismo que los presuntos secuestradores del AA 77 fueron seleccionados por el sistema electrónico de control antiterrorista de la aviación estadounidense, el llamado CAPSS, encargado de extremar los controles sobre pasajeros sospechosos. El propio informe (pág. 3) reconoce que “la única consecuencia de esa selección fue que sus maletas facturadas no se introdujeron en el avión hasta que ellos embarcaron”. Además, indica que uno de los responsables de seguridad del aeropuerto de Dulles declaró posteriormente ante la Administración Federal de Aviación que los trabajadores del control de seguridad no recordaron ninguna anécdota especial de la jornada, así como que ninguno de los que pasaron los controles habían sido detectados previamente por el CAPSS.

Interrogado por el FBI pocos días después de los atentados, un empleado del mostrador de facturación de Dulles, Allex Vaughn, que atendió a los hermanos Al-Hazmi, no mencionó en ningún momento que éstos fueran detectados por el CAPSS. Asimismo, Vaughn aseguró en la entrevista que se le mostró un vídeo del aeropuerto en el que se veía a ambos hermanos. Ese vídeo nunca ha sido hecho público.

Por otro lado, aunque la versión oficial sostiene que Hani Hanjour y los hermanos Al-Hazmi viajaban en primera clase del AA 77, la encargada de comprobar las tarjetas de embarque para esa sección, Brenda Brown, dijo a los agentes del FBI que la entrevistaron el 17 de septiembre que había sido un día con pocos pasajeros y que no recordaba a ningún hombre de aspecto árabe entre ellos.

La maleta de Atta

Es sabido que algunos de los carnets de identidad de los presuntos autores del 11-S aparecieron cerca de los lugares en que se estrellaron los aviones, sobreviviendo, por lo visto, al fuego y la destrucción de unos impactos producidos a casi 1.000 kilómetros por hora.

El FBI encontró en el aeropuerto Logan de Boston una maleta, supuestamente de Mohammed Atta, que contenía una carta de cinco páginas en árabe con mensajes de despedida y exhortación espiritual al grupo de terroristas. Bajo un epígrafe titulado La última noche, uno de los miembros del comando (los agentes dijeron no saber a ciencia cierta si se trataba de Atta) escribió cosas así: “Pero sólo aquellos, los creyentes que conocen la vida que hay después de la muerte y la recompensa tras la muerte, serán los que busquen la muerte (…) Purificad vuestro corazón y arrancad de él toda preocupación mundana. Los tiempos de jolgorio y disipación han terminado. Ha llegado la hora del juicio. Debéis estar convencidos de que os quedan ya muy pocas horas en esta vida. Comenzaréis entonces a vivir la vida de felicidad, el paraíso infinito. Sed optimistas. El Profeta era siempre optimista (…) Rezad durante toda esta noche. Seguid recitando el Corán”.

La misiva también incluía algunas instrucciones: “Revisad todas vuestras pertenencias: vuestra maleta, vuestra ropa, vuestros cuchillos, vuestros documentos de identidad, vuestros pasaportes, todos vuestros papeles. Preocupaos de vuestra seguridad antes de marcharos… Aseguraos de que nadie os sigue”. Los investigadores también encontraron copias de esta carta entre los restos del United 93 en Pennsylvania.

En la maleta de Atta los agentes también hallaron un esquema de oraciones islámicas y vídeos instructivos para pilotar aviones Boeing. Curiosamente, Atta fue el único de los 81 pasajeros del AA 11 que se dejó el equipaje en tierra.

carta Atta

Extracto de la carta que presuntamente escribió un miembro del comando terrorista, hallada en el supuesto equipaje de Mohammed Atta.

La dudosa pericia de Hani Hanjour

Al día siguiente de los atentados, la crónica del ataque contra el Pentágono publicada en The Washington Post explicaba que “cuando parecía que el avión emprendía una ruta suicida hacia la Casa Blanca, el piloto realizó un giro tan certero que a los testigos les recordó a la maniobra de un caza militar […] Fuentes del sector de la aviación afirmaron que el avión fue pilotado con una habilidad extraordinaria, por lo que lo más posible es que el piloto fuera alguien bien entrenado”.

La versión oficial sostiene que el piloto de ese vuelo, el AA 77, era Hani Hanjour, un saudí de 29 años. No obstante, un reportaje de la cadena CBS emitido en mayo de 2002 informó de que la escuela de aviación de Arizona en la que Hanjour había estudiado había mandado cinco avisos a la Administración Federal de Aviación referentes al alumno saudí. Pero no porque fuera sospechoso de terrorismo, sino porque sus habilidades en la cabina eran pésimas y los directores creían que no debía recibir la licencia de piloto. “No puedo creerme que tuviera ningún tipo licencia de aviación comercial dadas sus destrezas”, aseguró una de sus profesoras, Peggy Chevrette.

Por su parte, The New York Times publicaba en esas mismas fechas otro perfil de Hanjour, titulado Un aprendiz destacado por su incompetencia, en el que la dueña de la academia recordaba que “los profesores decían que era muy simpático, pero que su inglés no estaba a la altura”, y que de hecho hubiera sido un peligro permitirle pilotar un avión comercial. Por ejemplo, Hanjou tardó tres horas en completar un examen para el que normalmente bastaban unos veinte minutos, y lo suspendió. “Todavía a día de hoy me pregunto cómo pudo estrellar el avión contra el Pentágono. No tenía ni idea de pilotar”, aseguraba un ex empleado de la escuela.

 

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