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Christopher Bollyn y la huella sionista (Parte 1)

bandera israel

El 15 de agosto de 2006, un hombre de 49 años llamado Christopher Bollyn llamó al 911 desde una tienda cercana a su casa de Hoffman Estates, un suburbio de Chicago (Illinois). Bollyn alertó de la presencia de un vehículo que circulaba por el barrio con tres ocupantes que, a su juicio, parecían armados y peligrosos. En pocos minutos se plantó frente a su casa el citado coche: los sospechosos resultaron ser agentes de paisano que habían interceptado la llamada. Bollyn les preguntó a qué división pertenecían y, según su relato, sin mediar palabra los tres hombres comenzaron a golpearle; uno de ellos le disparó con una pistola eléctrica que le provocó una descarga de 50.000 voltios. La escena fue presenciada por la esposa y la hija de Bollyn, que entonces tenía ocho años. Bollyn sostiene que la paliza provocó una fractura de su codo derecho y que, pese a que en pocos minutos se plantó allí una segunda patrulla policial y un equipo de bomberos, nadie intervino.

Los agentes arrestaron a Bollyn, al que acusaron de amenazas, agresión y resistencia a la autoridad. Según el relato policial, Bollyn se mostró violento cuando la primera patrulla se presentó en su casa. El acusado, sin embargo, denunció que esas acusaciones eran una absoluta farsa y que fueron esos agentes no identificados los que le agredieron sin motivo. Tras un juicio de cuatros días en el que, según Bollyn, no se le permitió presentar testigos y pruebas que probaban su inocencia, fue juzgado culpable.

Bollyn, sin embargo, sostiene a día de hoy que las razones del ataque que sufrió ese día no tenían nada que ver con su presunta conducta hostil. En su opinión, lo sucedido era una advertencia para que interrumpiera el trabajo periodístico que venía realizando desde hacía cinco años en torno a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

El hombre del sombrero

“Resolver el 11-S pone fin a la guerra”. Tocado con un sombrero muy parecido al de Indiana Jones, el periodista Christopher Bollyn se ha fotografiado en numerosas ocasiones en plena calle sosteniendo un cartel con esta frase. Se trata del lema de las conferencias que, durante varios años, Bollyn ha pronunciado por todo el territorio estadounidense y varios países europeos. La tesis de sus charlas es muy clara: los atentados del 11-S fueron una operación de falsa bandera a cargo del servicio secreto israelí, el Mossad, con el objetivo de que Estados Unidos iniciara una etapa de intervenciones militares que desestabilizara a países enemigos de Israel como Irak, Irán, Siria o El Líbano. El atentado, según Bollyn, permitiría la aplicación del Plan Yinon, una estrategia urdida en los años 70 por el Estado israelí para balcanizar Oriente Próximo y provocar el caos en el mundo árabe, despejando el camino a la expansión de las fronteras de Israel.

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Christopher Bollyn sostiene un cartel con la frase “resolver el 11-S pone fin a la guerra”.

Nacido en Chicago y educado en la Iglesia episcopal, en su juventud Bollyn viajó frecuentemente a Europa y Oriente Próximo. Estudió Historia, especializándose en el conflicto palestino-israelí, y vivió varios años en Israel, de donde procedía su primera esposa. Allí trabajó en un kibbutz (comuna agrícola), aprendió a hablar hebreo y estudió a fondo el fenómeno del sionismo, del que se llevó un concepto terriblemente negativo: en su opinión se trata de un movimiento racista, ultranacionalista y fundado por “terroristas”, empezando por David Ben Gurion. Bollyn argumenta que las sucesivas jerarquías políticas y militares que Israel ha tenido desde su creación en 1948 se han servido del terrorismo de Estado, especialmente de atentados de falsa bandera (un ejemplo sería el Asunto Lavon) para combatir a sus enemigos, expulsar a los palestinos e involucrar a potencias extranjeras a favor de sus intereses.

De vuelta en Estados Unidos, Bollyn pasó la mayor parte de su carrera profesional en The Spotlight , un semanario publicado en Washington D.C. y fundado por el Liberty Lobby, un think tank acusado de mantener puntos de vista populistas, supremacistas y, sobre todo, antisemitas. Tanto The Spotlight, que desapareció en 2001, como el periódico que le sucedió, American Free Press, recibían las mismas críticas. Bollyn continuó su trayectoria en esta segunda cabecera. Pero desde del 11-S su carrera no volvería a ser la misma.

Cinco jóvenes sonrientes

Bollyn intuyó por primera vez la mano sionista en el 11-S al leer una información en un diario de Nueva Jersey sobre un hecho que tuvo lugar la misma mañana de los atentados. Al otro lado del río Hudson, cinco jóvenes subidos al techo de una furgoneta sonreían mientras se grababan con una cámara de vídeo con el skyline neoyorquino, cubierto del humo que emanaba de las Torres Gemelas, como paisaje de fondo. “Parecía que estaban rodando una película. Parecían felices… No parecían impresionados. Me resultó muy extraño”, declaró una vecina, que encontró el comportamiento de los jóvenes tan sospechoso que apuntó la matrícula del vehículo y llamó a la policía. Al poco tiempo acudió un equipo del FBI, que detuvo a los jóvenes; se trataba de cinco israelíes de entre 22 y 27 años: Sivan y Paul Kurzberg, Yaron Shmuel, Oded Ellner y Omer Marmari. Uno de ellos guardaba 4.700 dólares en un calcetín y otro tenía dos pasaportes.

La cadena ABC informaría poco después que la furgoneta pertenecía a una empresa llamada Urban Moving Systems que, según sospechaba el FBI, funcionaba como “tapadera para operaciones de la Inteligencia israelí”. Mientras los agentes federales inspeccionaban la sede de la compañía, su dueño, un tal Dominic Suter, abandonaba Estados Unidos. Más tarde, la agencia descubriría que su destino era Israel. Cuando los periodistas de la ABC acudieron a la sede de la compañía, “comprobaron que parecía que había sido cerrada a toda prisa. Había teléfonos móviles abandonados, los teléfonos fijos seguían conectados, y los bienes de muchos clientes permanecían en el almacén”.

Según el informe policial del caso, uno de los detenidos aseguró haber estado en la autopista del West Side, en Manhattan, mientras se produjo lo que él denominó “el incidente” en referencia al ataque al World Trade Center. Sivan Kurzberg, el conductor de la furgoneta, había dicho a los agentes: “Somos israelíes. No somos su problema. Sus problemas son nuestros problemas. Los palestinos son el problema”.

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Omer Marmari, Oded Ellner y Yaron Shmuel, entrevistados en un programa de la televisión israelí en noviembre de 2001.

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Sivan y Paul Kurzber, sentados entre el público.

Los israelíes fueron retenidos por sobrepasar sus visados de turistas y trabajar ilegalmente en Estados Unidos. Aunque dos semanas tras al arresto un juez de inmigración ordenó deportarlos, desde el FBI y la CIA se consiguió retenerlos en el país durante más de dos meses. Finalmente, los gobiernos de Israel y Estados Unidos acordaron su repatriación. Tres de ellos fueron entrevistados en un programa de televisión de su país, en el que uno de ellos, Oded Ellner, declaró: “Lo cierto es que somos de un país que experimenta el terror día tras día. Nuestra misión [en Estados Unidos] era documentar lo sucedido”.  Entre el público se sentaban los hermanos Sivan y Paul Kurzberg que, según Bollyn, eran agentes fijos del Mossad conocidos por los servicios secretos americanos. Los otros tres habrían sido reclutados como agentes “móviles” para esa operación concreta.

El aviso

Otro de los puntos de apoyo de Bollyn tenía que ver con el sistema de mensajería electrónica israelí Odigo Messenger, cuyas oficinas centrales estaban a dos manzanas de las Torres Gemelas. Dos semanas después del 11-S, el diario israelí Haaretz informaba de que dos empleados de la sede que la compañía tenía en Herzliya (Israel) habían recibido, dos horas antes de los atentados, sendos mensajes en los que se les advertía de que iba a tener lugar un “ataque inminente” en el World Trade Center. La noticia señala que los empleados avisados “informaron a la cúpula de la compañía”, que a su vez informó a los servicios de seguridad de Israel y éstos, al FBI. El problema es que lo hicieron…una vez cometidos los atentados y no al recibir el mensaje.

El vicepresidente de la compañía, Alex Diamandis, admitió entonces que “los mensajes aseguraban que algo importante iba a suceder en un determinado período de tiempo, y así sucedió, casi al minuto (…) Es posible que el mensaje también fuera enviado a otros empleados de Odigo, pero la compañía no ha recibido más notificaciones de otros posibles receptores”.

La noticia de Odigo cobraba especial relevancia a la luz de otra información publicada al día siguiente de los atentados en el Jerusalem Post. Ésta señalaba que el ministro de Asuntos Exteriores israelí, Shimon Peres, había recibido una lista con los nombres de los 4.000 israelíes que presuntamente tenían su lugar de trabajo en el World Trade Center y el Pentágono. No obstante, el recuento oficial de víctimas israelíes del 11-S ascendió a…cuatro personas, como se muestra en el minuto 3:19 del siguiente vídeo, que muestra la visita de Benjamin Netanyahu a la Zona Cero en septiembre de 2011.

Si efectivamente, como había asegurado el Gobierno israelí, en la mañana del 11 de septiembre un total de 4.000 compatriotas debían de estar en los edificios atacados, ¿cómo es posible que sólo fallecieran cuatro? ¿Había recibido el aviso de Odigo alguien más que los dos empleados que lo notificaron? ¿Quién escribió dicho mensaje? Ningún gran medio de comunicación americano ni ningún organismo como el FBI ahondaron en el misterio de los mensajes que alertaban de una tragedia en el centro de Nueva York, y cuya aclaración podía haber salvado miles de vidas.

 

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